Todo comenzó con un viaje para lograr el éxito, escapar de los problemas y malos ratos vividos en La Serena. Me sentía temeroso, pero a la vez con gran entusiasmo, dejar todo atrás y tener un nuevo inicio de vida. Me encanta esta idea, ser uno mismo y sobre todo decidir el camino que queramos tomar, no tener ninguna barrera.
Es así, Santiago es una gran ciudad, con mil lugares que descubrir, cada paso por dar una nueva experiencia, mil caídas que vendrán y mil alegría por alcanzar.
Lleguè el día once d
e marzo a las seis de la mañana, fue un viaje largo, agotador y no pude dormir: sòlo pensar como seria, mi nueva vida.
Me bajè del bus, respirè este aire seco y helado de la típica mañana Santiaguina, me dije a mi mismo “este aire lo respirarè todas las mañanas” “cuàtico”, un pensamiento que hasta el día de hoy està grabado en mi mente.
Llamè un taxi subí mis maletas y partí con dirección Santa Rosa con Matta, mi primer hogar en esta gran ciudad .este día agitado me diò muchas impresiones d
e Santiago que de a poco fui desechando, el gran temor al Transantiago, estas micros que no respetan a nadie y con esta gente que nunca dice por favor o gracias, los modales nunca los veo, pero esto es tema para otro día.
Me dirigì con dirección al centro, a conocer donde estudiaría, pero nunca me fijè en la dirección, recorrí todas las cedes de Aiep en el centro hasta llegar a Ejercito y descubrí que vivo relativamente cerca de el instituto .después caminè cerca de la calle Dieciocho, me senté a comer y al poco de haber terminado una replica del terremoto, la gente corría como el fin del mundo. Era un temor que no podía entender, las caras de sufrimiento era notorio y el Santiago fuerte quedo en el piso. Los rostros serios murieron y pasaron a ser rostros de preocupación por los seres queridos, algo que yo no sentí, pero de apoco fui asimilando este temor.........